Si tan solo pudiera.

Hace mucho tiempo, había un programador que amaba profundamente lo que hacía. Cada día abría Eclipse con intención de mejorar lo que había programado el día anterior. Sus líneas de código eran poemas, sus nombres de métodos perfectos, no tenía instalado JShint, no le hacía falta.

Entendía muy bien los tipos de lenguajes que existían y los diferentes propósitos que perseguían cada uno. Era tan bueno que no le faltaban clientes, y todos le pagaban a tiempo a final de mes, era único.

Durante mucho tiempo, fue muy feliz con lo que tenía, y no pidió nada más, puesto que se sentía completo y pleno de vida.

Un día, le invitaron a un evento sobre programación e innovación. Las charlas de AngularJS monopolizaban los tracks y los asistentes lucían con orgullo sus camisetas de Android y Bower.

Sentado en su asiento, observaba con júbilo una de las charlas sobre animaciones de cubos en CSS3. Aquél ponente le transmitía magia en sus palabras, le fascinó rápidamente el uso de transformaciones CSS3, tanto, que deseó con toda su alma ser un experto en transformaciones CSS3, — ¡oh señor!, si tan solo pudiera ser un experto en transformaciones CSS3 — pensó para sus adentros.

Lo que no sabía este programador, es que el gran Dennis Ritchie (Creador de C) le observaba desde el cielo, deseoso de hacer realidad sus sueños.

— Experto en transformaciones CSS3 te convertirás — Dijo en voz alta Dennis.

Y así fue, como el humilde programador de Java, se convirtió en un experto del front-end development.

Los días pasaron, y el programador invertía su tiempo en crear transformaciones de primitivos geométricos con CSS3. Un cubo, una esfera, un paralelogramo, un triángulo, no importaba el tipo de figura, él todas las dibujaba, con gran maestría y dominio de los prefijos CSS.

Un nuevo evento llegó a su ciudad, JavaScript Fuckers se llamaba. Acudió al mismo alegre y con la cabeza alta, pensando que su dominio de las transformaciones CSS3 dejaría completamente maravillados a los asistentes del evento.

Empezó la primera charla, 'WAT' era el título de la misma. Una charla sobre los entresijos de JavaScript. Observaba con detenimiento como el ponente no hablaba sobre nada de CSS3, ni siquiera utilizaba el navegador para programar. El ponente hacía continuas referencias a una tecnología nueva y llamativa, de nombre Nodejs.

— ¡oh señor!, pensó para sus adentros. Si tan solo pudiera ser experto en Node.js —

Y así fue, Dennis Ritchie volivó a escucharle. — Experto en Node.js serás, hijo mío. —

De vuelta a casa, el programador compilaba con arte el código fuente de Node.js. V8 no se le resistía, e incluso implementó su propio debugger de V8 en JavaScript, lo llamó node-inspector.

Obtuvo tantas estrellas en Github, que le invitaron al evento del año, en New York. Se llamaba Fosdem, y a él acudían algunos de los mejores desarrolladores del planeta.

Sentado en su asiento, uno de los más cercanos al escenario, permaneció sentado escuchando con detalle a todos los ponentes que ahí subían. Su cabeza se llenó de términos que no conocía, Go, Spring, Hadoop, io.js, ionic, todas estas palabras eran nuevas, se vio envuelto en un mar de desconocimiento, ni sus conocimientos sobre transformaciones, ni su buen saber sobre Node.js le sirvió para entender sobre que hablaban en aquel lugar, al principio un lugar cómodo pero finalmente hostil.

Triste, apesadumbrado, perdido, pidió nuevamente con todas sus fuerzas un deseo.

— ¡oh señor!, pensó para sus adentros. Si tan solo pudiera ser un programador sabio, ilustrado e inteligente.

Y nuevamente Dennis volvió a concederle su deseo. — En un programador sabio te convertirás —

Y así fue, como volvió a su casa, abrió Eclipse con intención de mejorar lo que había programado el día anterior. Sus líneas de código ya no eran poemas, sus nombres de métodos imperfectos, se instaló JShint, y empezo a programar lo que tanto le apasionaba, consciente de que todavía le quedaba mucho por aprender.

Fin

Esta pequeña historia intenta demostrar la imposibilidad del hombre de saberlo todo. Debemos dedicarnos tiempo a nosotros mismos, y no a complacer a otras personas o entornos que no nos aportan más que comodidad o malestar, el cual no nos permite evolucionar como personas.